 Sólo la ayuda pública puede salvarlas, dicen, del impacto "devastador" de la
recesión. Las cinco mayores compañías de transporte de viajeros por
ferrocarril lanzaron ayer un mensaje de advertencia al ejecutivo
británico en una reunión formal entre Geoff Hoon, ministro de
transportes, y la Association of Train Operating Companies ( ATOC), para que autorice medidas que eviten un efecto catastrófico
en la calidad del servicio ferroviario. Conforme a los datos publicados
por el diario The Guardian, la venta de abonos ha caído un
10% este mes, y las operadoras han anunciado recortes de empleo que
suman 1.500 puestos en todo el país.
Sategecoach, National Express, Go-Ahead, Arriva y FirstGroup advierten
ahora, después de varios ejercicios
registrando abultados beneficios, que si el Estado no accede a sus
peticiones las colocará inevitablemente en la posición de tener que
incumplir con los compromisos adquiridos cuando firmaron sus
respectivas franquicias.
Aún
peor: esa situación implicaría además que el Department for Transport
(DfT; ministerio de transportes) se vería obligado a retirar esas
adjudicaciones a las compañías y a tomar el control directo de cada una
de las filiales. Puesto que las cinco compañías citadas controlan la
gran mayoría de los servicios de la red ferroviaria británica, la
retirada de sus franquicias equivaldría a una renacionalización
inmediata del sistema, como recuerda el citado diario.
Para que ese panorama no se concrete, los operadores solicitan que
el Estado autorice la circulación de trenes más cortos en las horas
valle, de facilidades para la obtención de créditos que rellenen el
hueco de liquidez que ha dejado la caída en los ingresos por la venta
de billetes, que restrinja algunos de los programas de modernización
emprendidos por Network Rail (y que dificultan las operaciones) y, por
fín, que asuma una mayor parte en las pérdidas por operaciones. O en
otras palabras: que acceda a renegociar los términos en los que concedió las franquicias.
La situación es delicada, puesto que estas peticiones que las
operadoras denominan "planes de contingencia" no serán una pastilla
fácil de tragar para el gabinete que dirige Gordon Brown, que tendrá
que calcular detalladamente su coste en términos electorales. Los
sindicatos y las asociaciones de usuarios ya han advertido de que no se
quedarán callados ante los recortes de personal -los primeros- y las
reducciones en la calidad del servicio -los segundos-, después de años
reclamando medidas contra la saturación. |