Si la semana pasada el Parlamento Europeo instaba a la Comisión a abrir el sector de transporte ferroviario de viajeros a la libre competencia, ayer los ministros de Transporte de la UE frenaron al "legislativo", y devolvieron la fecha inicialmente prevista: 2010 para las conexiones internacionales, y 2012 para el cabotaje.
La ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, fue de las más claras al expresar que una cosa es la apertura del tráfico internacional y otra la nacional. Desde luego, abrir las fronteras ferroviarias a la competencia es muy fácil en España, si se tiene en cuenta que quien quiera quitarle el bocadillo a Renfe tendrá que lidiar con un sistema que es el menos interoperable de Europa. Pero otra cosa es dejar a extraños que corran libremente por nuestras vías.
Si los británicos pidieron liberalizarlo todo menos las líneas de "servicio público", los dinosaurios del proteccionismo (perdón: Francia y España) dijeron que para qué. Primero, porque así ralentizan la apertura, y segundo: porque de la calificación que se haga "servicio público" dependerá que deba respetar la legislación comunitaria... en materia de concursos.
Imaginen lo que pasaría si una empresa extranjera, pongamos que británica, pujase por tener licencia para dar servicio en alguna línea de Cercanías en Madrid. ¡¡Qué catástrofe!! Según leo, "el ministro francés de Transporte, Dominique Perben, dijo que el libre acceso al mercado no debe obligar a los Estados miembros a sacar a la competencia los trayectos que cumplen un servicio público".
Evidentemente que no. No vaya a ser que presten mejor servicio que los operadores públicos, como ya está ocurriendo en Reino Unido. Menos mal que las mercancías no suscitan tantos temores, y la apertura es cosa casi hecha ya.
Luego nos preguntamos por qué el transporte ferroviario de pasajeros en la UE tiene una cuota de mercado del 6,4%, frente a un 78% de los coches, el 8,6% de los autobuses y un 6% de los aviones.