Cuando algo funciona, no tiene sentido tirarlo a la basura cada vez que se renueva un producto. Al contrario: una solución ingeniosa puede sobrevivir al paso del tiempo, e ir saltando de versión en versión con sólo pequeñas mejoras. En Alstom, como en otras compañías ferroviarias, lo saben bien: los trenes de su familia Pendolino se usan con éxito desde hace décadas, y están en servicio actualmente en nueve países.
Parece sin embargo que la fabricante francesa ha decidido incluir también, en ese paso a paso del desarrollo de un nuevo tren, el diseño de las cajas de sus coches. Miren si no cómo en los más de 30 años que han transcurrido desde que se pusiera en servicio en España el famoso Platanito (un prototipo derivado del primer Pendolino de todos, el ETR 401), hasta la serie 114 de Renfe , de próxima aparición, las ventanas han permanecido inmutables.... Y diminutas.
¿Por qué? ¿Qué interés tienen los diseñadores de las sucesivas generaciones de Pendolinos en condenar a los usuarios a viajar en una especie de avión sobre ruedas, como si estuviesen en los años 70? ¿Obtienen algún incentivo salarial por ahorrar en acristalamiento en sus diseños? ¿O es pura desidia ? A juzgar por esta sencilla comparación, la respuesta parece más bien esta última: puro copy-paste de proyecto en proyecto, a través del tiempo.
