Los fanáticos de los trenes conocen bien esos locos cacharros de los años 50 y 60, que pretendían resucitar el ferrocarril inspirándose en el medio que triunfaba por entonces, la aviación. Para ello proponían montar turbinas de avión en locomotoras modificadas. Con ello se obtenía propulsión rápida, sin necesidad de una electrificación especial. Como ha ocurrido históricamente en el mundo del ferrocarril, las investigaciones no llegaron a demasiado, y los verdaderos trenes de alta velocidad acabaron llamándose Shinkansen y TGV, propulsados con energía eléctrica.
El mes pasado hablábamos de la idea, cuya aceptación crece, de construir una nueva infraestructura ferroviaria entre Londres y el norte de Gran Bretaña, hasta Edimburgo, y mientras tanto han seguido publicándose informaciones sobre distintos sectores de la sociedad británica que respaldan el proyecto. Pero una de ellas ha destacado sobre las demás: la sugerencia por parte de Sir Rod Eddington, el asesor jefe del gobierno en materia de transportes, de que para esas conexiones se use la tecnología del JetTrain, de Bombardier.
Eddington, que fue por cierto el máximo directivo de British Airways durante años, recuerda que el prototipo de este tren llega a alcanzar los 240 Km/h, pero asegura que puede alcanzar velocidades mucho mayores si la vía es la adecuada (en Estados Unidos y Canadá no hay infraestructuras para realizar estas pruebas).
Este alto cargo, firme defensor del proyecto de nuevo enlace, presentará sus conclusiones definitivas en verano, después de desechar alternativas como -según confiesa- la levitación magnética. No sería mala idea, la de la turbina... si no fuese porque nadie la ha probado antes, aunque el horizonte temporal de la nueva conexión, 2015, es más que suficiente para que la tecnología madure, o vuelva a morir... de nuevo.