Este ferrocarril pérsico, que seguiría en grandes líneas la costa del golfo enlanzado a los seis productores de petróleo que componen la organización (y dejando fuera a Irak e Irán) a lo largo de 1.940 kilómetros, no es de momento más que una propuesta que deberá estudiarse con detenimiento por los estados miembros, que se enfrentan ahora a la necesidad de recortar su altísimo gasto público ante el desplome del precio del petróleo crudo.
Cualidades no le faltan. En primer lugar, el larguísmo trazado cruza gigantescas extensiones de desierto en las que el coste de adquisición de los terrenos sería cercano a cero (apenas 3.100 millones de dólares para todo el corredor). Ayudaría también a la rentabilidad -se calcula en el 13,5%- el hecho de que lo que se plantea es una doble vía sin electrificar, aunque apta para velocidades máximas de 200 km/h.
El estudio, en cuya redacción ha participado el Banco Mundial y que será presentado a los jefes de Estado de Arabia Saudí, Bahrein, Kuwait, Omán, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos el próximo 29 de diciembre, señala además que la construcción de la línea podría estar lista en 2016. "Dotando (a la zona) de un nuevo modo de transporte mejoraría la logística y se reducirían los costes de transporte (entre los estados miembros", añade.