Diecisiete meses después de montarse una guerra él solito pidiendo el traslado de la estación de Atocha a la de Abroñigal, alegando falta de espacio para un volumen de tráfico de pasajeros que se dispara, rectificando luego la propuesta para convertir la actual terminal de contenedores en una estación "complementaria" -y no alternativa- a la ya existente, y usando incluso amenazas en el camino ("si no me haces caso, no recalifico; y si no recalifico, no cobras"), el alcalde de Madrid ha decidido bajarse del burro.
La retirada de una propuesta absurda y cuyas verdaderas motivaciones nunca fueron bien explicadas era sólo cuestión de tiempo, así que a Alberto Ruiz-Gallardón lo único que le ha quedado es elegir el momento de decirlo. Y las palabras: "estación disuasoria", "a lo mejor", "habría que estudiarlo", "no creo que eso sea un inconveniente"... Con ellas, la idea queda clara: "me bajo del burro, pero porque yo quiero, ¿eh?". Y a falta de propuestas -si no se hace en Abroñigal, una nueva estación de AV simplemente no cabe en el término municipal de Madrid- buenas son tortas (y tortazos).
El alcalde vuelve al ataque y cambia de objetivo. El problema ya no es la estación, sino cómo se engarza en el sistema de transporte público: Atocha es una estación "insuficientemente dotada de comunicación y de conexión". El argumento, que como ya dijimos es absurdo de principio a fin, no esconde la intención ("necesita urgentemente una ampliación de sus comunicaciones por metro") y alcanza perfectamente a su destinataria, que ya estaba puesta en responder.
La retirada de una propuesta absurda y cuyas verdaderas motivaciones nunca fueron bien explicadas era sólo cuestión de tiempo, así que a Alberto Ruiz-Gallardón lo único que le ha quedado es elegir el momento de decirlo. Y las palabras: "estación disuasoria", "a lo mejor", "habría que estudiarlo", "no creo que eso sea un inconveniente"... Con ellas, la idea queda clara: "me bajo del burro, pero porque yo quiero, ¿eh?". Y a falta de propuestas -si no se hace en Abroñigal, una nueva estación de AV simplemente no cabe en el término municipal de Madrid- buenas son tortas (y tortazos).
El alcalde vuelve al ataque y cambia de objetivo. El problema ya no es la estación, sino cómo se engarza en el sistema de transporte público: Atocha es una estación "insuficientemente dotada de comunicación y de conexión". El argumento, que como ya dijimos es absurdo de principio a fin, no esconde la intención ("necesita urgentemente una ampliación de sus comunicaciones por metro") y alcanza perfectamente a su destinataria, que ya estaba puesta en responder.
Por encima de la lucha de dos malos políticos y peores ciudadanos, Madrid y los que vivimos en ella estamos de enhorabuena. Podremos seguir imitando a nuestros vecinos de París, Londres, Amsterdam y Bruselas, y seguir subiendo a los trenes de alta velocidad en el centro urbano, sin convertir un modo de transporte eficiente en un caro e inútil avión sobre ruedas.