Diez días después de que el Ejecutivo chino confirmase que va a dar el impulso definitivo a la Línea de Alta Velocidad (LAV) Pekín-Shanghai, con un presupuesto que supera los 220.000 millones de yuan (unos 20.495 millones de euros al cambio actual) para poco más de 1.200 km, el Gobierno da detalles sobre cómo se va a financiar su construcción: abriéndolo al capital privado extranjero.
Será la primera vez que China acepte inversión extranjera directa en la construcción de una infraestructura, pero no la primera vez que use el dinero de inversores privados, pues ya lo hizo para levantar el trazado de la línea de levitación magnética (y tecnología alemana) que conecta Shangai con el aeropuerto de Pudong.
Será la primera vez que China acepte inversión extranjera directa en la construcción de una infraestructura, pero no la primera vez que use el dinero de inversores privados, pues ya lo hizo para levantar el trazado de la línea de levitación magnética (y tecnología alemana) que conecta Shangai con el aeropuerto de Pudong.
Las empresas privadas extranjeras podrán así entrar en el accionariado de la firma encargada de la construcción, hasta completar un capital que suponga el 50% del coste estimado del proyecto. Los otros 110.000 millones de yuan se conseguirán mediante la emisión de instrumentos de deuda convencionales.
Según los últimos cálculos de viabilidad, la altísima ocupación de línea permitirá recuperar el capital invertido en unos ocho años tras su puesta en servicio: se espera que este corredor, diseñado para velocidades superiores a los 300 km/h, transporte cada año la friolera de 80 millones de pasajeros.