Pese a que el gobernador de California (EEUU), Arnold Schwarzenegger, consiguió hace un año dejar en papel mojado el proyecto de un corredor ferroviario de Alta Velocidad entre San Diego, Los Ángeles y San Francisco, al retrasar hasta noviembre de 2008 la aprobación de los primeros créditos para los estudios previos, y pese a que ahora el musculoso mandatario pretende que ese retraso se haga indefinido, la pasada semana se han podido ver algunas señales esperanzadoras para esta LAV.
La primera ha venido de la convención del partido demócrata de California, celebrada el pasado 29 de abril. En ella los delegados del partido en la oposición aprobaron incluir en su programa estatal un apoyo expreso a la construcción del corredor, aunque dejaron la puerta abierta para que cada candidato local rechace con matices el proyecto.Y lo hicieron afirmando que esta línea de alta velocidad es "un arma significativa contra la polución ambiental y el calentamiento global, ya que utiliza mucha menos energía por pasajero que los coches y los aviones", y añadiendo que "el tren de alta velocidad será aún más esencial si, como se espera, el suministro de petróleo disminuye en el futuro". Claro que, como recuerda Marcel Marchon en su TrainBlog, habrá que ver si esta formación política es coherente con el manifiesto cuando llegue la hora de votar.
En cualquier caso, es toda una declaración de intenciones en la porción más "verde" de Estados Unidos, que ha venido además refrendada (¿sincronizada?) por un editorial del influyente diario Los Angeles Times en el que, con la tibieza característica de la zona cuando se trata de hablar de proyectos financiados por las administraciones -en un sistema donde lo público siempre debe ser sinónimo de mínimo-, se apoya el proyecto. Aunque por los motivos equivocados. Dice el LAT que las estimaciones de rentabilidad en los primeros años no deben echar atrás a los legisladores, porque "no será así para siempre". Y se agarra fundamentalmente al argumento de los precios de la energía. Siendo esto verdad, el diario yerra el tiro. Lo cierto es que la verdadera rentabilidad de un corredor así siempre viene dada por el recorte en los costes externos de los demás modos de transporte: polución, ruido, inseguridad, ocupación del espacio, dependencia...
Sea como sea, ambas manifestaciones parecen dejar claro que los grandes grupos de poder del Estado del Pacífico han comenzado a moverse a favor del proyecto y eso sólo puede, a su vez, significar una cosa: han detectado una demanda en el electorado, y han decidido satisfacerla. El siguiente paso deberá darlo ahora el gobernador, olvidándose de una vez del retraso como forma de actuación política, y actuando al fin en un sentido o en otro. Como ha concluido la oficina de análisis del legislativo de California (una comisión independiente dentro de éste, formada por miembros de todos los partidos con representación), es hora de arrancar el proyecto de una vez. O de enterrarlo.