La fabricante francesa Alstom se enfrenta a una investigación en Suiza por el presunto pago de comisiones (soborno) a cambio de la obtención de contratos en Asia y América del Sur en el periodo comprendido entre 1995 y 2003, según recuerda hoy el diario The Wall Street Journal en una información que recopila de forma un tanto deslavazada las vergüenzas neocoloniales de la empresa.
En su información, el económico asegura a modo de ejemplo que la pasada semana miembros de la policía suíza se desplazaron a Brasil para conocer los detalles de un pago de 6,8 millones de dólares que -al parecer- hicieron los representantes de la multinacional francesa a cambio de conseguir un jugoso contrato por valor de 45 millones de dólares para la expansión del raquítico metro de Sao Paulo, proyecto que para colmo está financiado por el Banco Mundial.
Pero hay muchos más. El diario afirma estar en posesión de documentos que demuestran pagos en otros contratos alrededor del mundo y en varios de los mercados en los que compite Alstom: Venezuela, Singapur, Indonesia... Recuerda además que Michel Mignot, antiguo consultor de la multinacional, reconoció el pasado año los pagos y que asegura que "no creía que las transacciones fuesen ilegales, porque se hiceron para conseguir contratos alrededor del mundo". Así de claro. A esta curiosa ética debe ser a la que se refiere la compañía cuando se refiere "al código de conducta de Alstom" y defiende punto por punto su actuación pasada y presente.
En su información, el económico asegura a modo de ejemplo que la pasada semana miembros de la policía suíza se desplazaron a Brasil para conocer los detalles de un pago de 6,8 millones de dólares que -al parecer- hicieron los representantes de la multinacional francesa a cambio de conseguir un jugoso contrato por valor de 45 millones de dólares para la expansión del raquítico metro de Sao Paulo, proyecto que para colmo está financiado por el Banco Mundial.
Pero hay muchos más. El diario afirma estar en posesión de documentos que demuestran pagos en otros contratos alrededor del mundo y en varios de los mercados en los que compite Alstom: Venezuela, Singapur, Indonesia... Recuerda además que Michel Mignot, antiguo consultor de la multinacional, reconoció el pasado año los pagos y que asegura que "no creía que las transacciones fuesen ilegales, porque se hiceron para conseguir contratos alrededor del mundo". Así de claro. A esta curiosa ética debe ser a la que se refiere la compañía cuando se refiere "al código de conducta de Alstom" y defiende punto por punto su actuación pasada y presente.Los detalles de la investigación son profusos, y merece la pena leerlos detenidamente, aunque pueden resumirse de la siguiente forma: en 2004 auditores de la firma KPMG Fides Peat en Suiza, al servicio de la Comisión Federal de Banca del país, descubrieron cómo Alstom había enviado 20 millones de euros a compañías fantasma en la Confederación Helvética y Liechtenstein.
Tras enmascarar el origen del dinero a su paso por los Alpes, éste fluyo hacia Singapur, Indonesia, Venezuela y Brasil, donde representantes de la empresa procedían a retirarlo en fajos de billetes de 100 dólares. Ahora, los investigadores suizos han solicitado la colaboración de las autoridades francesas y brasileñas para desentrañar la pestilente madeja de pagos, tarea para la que cuenta con una lista de 24 nombres de personas sospechosas de haber actuado como intermediarios o de haber recibido los sobornos.
Pese a que la investigación se ciñe a los diez años anteriores a 2004, la actitud de Alstom en los ejercicios posteriores a 2000 arroja bastantes dudas sobre cuál es ese código de conducta al que se refieren sus representantes actuales. En ese añó quedó expresamente prohibida en derecho francés la habitual práctica de sobornar a funcionarios extranjeros para conseguir contratos.
Pese a ello, la investigación suiza demuestra que la fabricante de las series 100 y 104 en España siguió haciendo de las suyas al menos en dos operaciones, realizadas en 2001 y 2003. Más preocupante aún que este hecho es la postura oficial de la empresa estos días: lejos de condenar la práctica y de desligarse de ella como algo superado, la empresa se dedica a defender ese "código de conducta", como si hubiese seguido utilizándolo después de 2004. Ojalá que no sea así.