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Lunes, 11 Abril 2005 10:12

Ecología

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La que sigue es una visión muy general sobre la difícil relación entre un modo revolucionario y la conservación del medio ambiente. (Para una comprensión mucho mejor del problema, es muy recomendable además la lectura del documento El AVE no es un depredador de energía, de Alberto García Álvarez).

El ferrocarril venía sindo considerando por los grupos ecologistas como uno de los medios de transporte más respetuosos con la naturaleza, pero la expansión de la Alta Velocidad ha acabado con esta generalización. Frente al tren tradicional, para el que reclaman más medios, acusan al AVE de causar graves daños al medio ambiente, además de tacharle de elitista. Como sólo hay dos líneas en servicio en España, sus efectos no son aun muy notables, pero es previsible que la situación cambie cuando AVE transporte a un tercio de viajeros en todo el país. Estos son los mayores problemas ambientales:

Las obras


El impacto ambiental más evidente de la alta velocidad es el físico: enormes puentes, túneles de récord y curvas gigantescas. Para permitir que los vehículos circulen a velocidades superiores a los 300 kilómetros por hora, y acortar al máximo el tiempo de viaje, los trazados tienen que acercarse lo más posible a la línea recta, y no deben superar una pendiente de 20 mm./m.

Esto obliga a realizar obras que cortan en dos el paisaje, actuando como un "foso ecológico" que separa la fauna, y que también conllevan la tala de árboles, la ocupación temporal de muchos terrenos, y el movimiento de millones cúbicos de tierra. Así, varias de las nuevas líneas han planteado problemas, como la Madrid-Valencia, que después de las protestas de los ecologistas fue desviada para evitar la reserva de Regajal Mar de Ontígola, o la Madrid-Valladolid, que obligará a perforar un doble túnel de 28 kilómetros en Guadarrama. Su trazado atraviesa zonas de alto valor ecológico varios kilómetros antes de penetrar en la montaña, tanto en la vertiente segoviana como en la madrileña, y se calcula que al horadarla se extraerán 7,8 millones cúbicos de tierra a los que habrá que buscar sitio.

Para paliar estos efectos es obligatoria la aprobación de una declaración de impacto ambiental previa a la redacción de los proyectos, por la que se introducen variaciones que deben tenerse en cuenta a la hora de diseñar el trazado. Es evidente, sin embargo, que la infraestructura de alta velocidad, más que adaptarse a él, modela el paisaje a su antojo.

El consumo


El argumento principal de los grupos ecologistas contra la alta velocidad es el elevado consumo energético de los trenes. La física elemental les da la razón: al aumentar la velocidad crece el rozamiento, y con él la necesidad de energía: habrá que quemar más carbón, más petróleo, y fisionar más uranio. La intención del Gobierno es que el carbón, que en estos momentos genera en torno al 35% de la energía eléctrica que consumimos, sea remplazado por el gas natural, y que las energías renovables (solar, hidroeléctrica y eólica) generen otro tercio.

Pero eso será en 2010, y un tren AVE consume 6 veces más electricidad que uno convencional, por lo que Ecologistas en Acción propone evitar la alta velocidad y que las inversiones se destinen al ferrocarril tradicional. Hay más datos sobre el consumo que dejan la cuestión en un empate entre defensores y detractores de la alta velocidad.

Pese a su elevado consumo, las estadísticas de la Unión Internacional de Ferrocarriles demuestran que el gasto energético por pasajero y kilómetro recorrido de los trenes de Alta Velocidad en Japón, es decir, el gasto en relación al número de viajeros, es tres veces y medio menor que el del coche privado, y cinco veces menor que el del transporte por aire.

Juan José Olaizola, del servicio de estudios de EuskoTren, explica esta aparente paradoja con las siguientes claves: el elevado índice de uso y ocupación de estos servicios ferroviarios (64% en el AVE Madrid-Sevilla en 1999), la relación de marchas del tren (frente a otros modelos, circula la mayor parte del tiempo con el regulador cerrado; un ejemplo claro de esto es el automóvil, que consume menos combustible en carretera que en ciudad), y el uso eléctrico del "freno de recuperación" (los motores de tracción se usan para frenar, generando electricidad gracias a la inercia del tren, que es devuelta a la red para su uso o su venta) disminuyen el consumo y la relación gasto-viajero-distancia.

El ruido

Otro de los problemas ambientales generados por la alta velocidad ferroviaria, el menos conocido, es el ruido del tren a su paso. Soterrarlo, hundirlo o levantar barreras anti acústicas son algunos de los paliativos, que sólo afectan a la infraestructura, y reducir la velocidad de los trenes en las áreas más pobladas no es más que una solución parcial. Japón, el país que inventó la alta velocidad, ha puesto en marcha medidas para reducir el rozamiento de aire y el peso de los vehículos, e Italia está regulando el problema. En España, y pese a haberse diseñado y previsto la expansión de la red, no se han planteado aun soluciones a este problema.

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