El Periódico de Catalunya, máximo ejemplo del periodismo popular (hay quien dice que sensacionalista) español se descolgaba el domingo con una información (¿análisis? ¿artículo de opinión?...) en la que su autor se encarga de comparar Guadalajara con Tarragona con frases tan imparciales como "se cometió el error", "un fallo que se ha repetido en Tarragona", "tanto disparate", "ni así han hecho negocio"...
Tras plantear un argumento marciano -"Guadalajara-Yebes es lo más parecido a los desvencijados apeaderos fantasma (...) y eso que (...) es casi nueva"-, y después de olvidar (o desconocer) que el trazado de la LAV2 en al paso por la ciudad manchega estaba ya decidido antes de 1996 -para repetir el eterno y falso mantra sobre Valdeluz y Aguirre-, se encarga (él solo) de comparar el tráfico de pasajeros para regional de alta velocidad que tiene Yebes con el que tendrá de Camp de Tarragona, con el único argumento en común de que ambas están fuera del casco urbano.
Antes de descubrir la pólvora, y a falta de una llamada a alguien que supiese un poco más del tema, a Antonio M. Yagüe le habría bastado con consultar cualquier planificador de viajes para saber por qué ambas ciudades no son comparables: mientras que a la del Francolí la separan 100 de Barcelona, la de la Alcarria está a poco más de 55 km de Madrid, una distancia ridícula e injustificable para servicios ferroviarios de alta velocidad incluso desde el centro urbano, como seguramente no se le escapará a muchos lectores del diario. Fiasco de artículo.
Tras plantear un argumento marciano -"Guadalajara-Yebes es lo más parecido a los desvencijados apeaderos fantasma (...) y eso que (...) es casi nueva"-, y después de olvidar (o desconocer) que el trazado de la LAV2 en al paso por la ciudad manchega estaba ya decidido antes de 1996 -para repetir el eterno y falso mantra sobre Valdeluz y Aguirre-, se encarga (él solo) de comparar el tráfico de pasajeros para regional de alta velocidad que tiene Yebes con el que tendrá de Camp de Tarragona, con el único argumento en común de que ambas están fuera del casco urbano.
Antes de descubrir la pólvora, y a falta de una llamada a alguien que supiese un poco más del tema, a Antonio M. Yagüe le habría bastado con consultar cualquier planificador de viajes para saber por qué ambas ciudades no son comparables: mientras que a la del Francolí la separan 100 de Barcelona, la de la Alcarria está a poco más de 55 km de Madrid, una distancia ridícula e injustificable para servicios ferroviarios de alta velocidad incluso desde el centro urbano, como seguramente no se le escapará a muchos lectores del diario. Fiasco de artículo.