Un año después de su creación, el Administrador no para de mover fichas para consolidar su posición institucional. Da la sensación, a la vista de convenios como el firmado en noviembre con el Instituto Nacional de Meteorología, o como el suscrito el 30 de diciembre con Puertos del Estado, de que el pulso de Adif aumenta conforme pasan los meses, y con él su posición de dominio del sector.
En el último de los acuerdos se recoge cómo las dos organizaciones, dependientes ambas del Ministerio de Fomento, van a detallar la frontera de sus respectivos ámbitos de actuación en lo que respecta al transporte ferroviario con origen o destino en puertos. Este es, desde luego, un punto crucial para el desarrollo normal del tráfico de mercancías -328 millones de toneladas pasaron por las instalaciones portuarias en 2005- en un mercado que, esperemos que antes del final de 2006, va a ser liberalizado.
Por cierto que estos días, y desde varias semanas antes de las navidades, Adif ha inundado los medios de comunicación digitales con una extensa campaña de difusión. Si bien es cierto que el gran público aún no conoce al Administrador, y que esto hace más sensata a esta campaña que la de Renfe ("Vamos al futuro, ¿subes?"), sigue siendo dinero gastado de difícil justificación, y a juzgar por la presencia de la marca en Internet, en una cuantía considerable.
Igual que nos preguntábamos si realmente merece la pena gastar cinco millones de euros en que los "clientes/viajeros" conozcan el nuevo color de un logotipo (en el caso de Renfe), cabe preguntarse ahora si los euros gastados en publicidad institucional valen lo que cuestan, teniendo en cuenta que al contribuyente no le interesa tanto quién gobierne el tráfico, como el que lo haga bien. Al fin y al cabo, la tarea de un Administrador en un mercado liberalizado es en buena medida la de que su gestión sea tan buena... que no se note.
