Después de varios años mareando la perdiz y llenando páginas de periódicos con un proyecto absurdo, el de unir el centro de la ciudad de Munich con su aeropuerto mediante un enlace para trenes de levitación magnética, el ministro de transportes Wolfgang Tiefensee ha comunicado que su departamento ha decidido abandonar la idea después de haber echado cuentas.
De ellas ha obtenido la nada sorprendente conclusión de que invertir más de 3.000 millones de euros en la construcción de una línea de 37 kilómetros de longitud (81 M€/km) es peor que tirar el dinero a la basura. En descargo de quienes han estado sosteniendo esta ocurrencia, hay que decir que el cálculo inicial estimaba en 1.800 millones de euros el coste total, una cantidad igualmente descomunal, pero que quizá parecía justificable si de lo que se trataba era de vender el sistema Transrapid fuera de las fronteras de Alemania.
El único enlace de levitación magnética en servicio comercial del mundo, el que opera entre Shanghai y su aeropuerto, funciona con esta tecnología alemana, pero los intentos por exportarla a otros países han sido en vano. Japón dispone por su parte su propio sistema para muy altas velocidades (en torno a los 500 km/h), y aunque desde hace años los proyectos para la construcción de una de estas líneas han sido aplazados sistemáticamente, lo cierto es que las pruebas del sistema no se han detenido en ningún momento.
De ellas ha obtenido la nada sorprendente conclusión de que invertir más de 3.000 millones de euros en la construcción de una línea de 37 kilómetros de longitud (81 M€/km) es peor que tirar el dinero a la basura. En descargo de quienes han estado sosteniendo esta ocurrencia, hay que decir que el cálculo inicial estimaba en 1.800 millones de euros el coste total, una cantidad igualmente descomunal, pero que quizá parecía justificable si de lo que se trataba era de vender el sistema Transrapid fuera de las fronteras de Alemania.
El único enlace de levitación magnética en servicio comercial del mundo, el que opera entre Shanghai y su aeropuerto, funciona con esta tecnología alemana, pero los intentos por exportarla a otros países han sido en vano. Japón dispone por su parte su propio sistema para muy altas velocidades (en torno a los 500 km/h), y aunque desde hace años los proyectos para la construcción de una de estas líneas han sido aplazados sistemáticamente, lo cierto es que las pruebas del sistema no se han detenido en ningún momento.