En una pieza sin desperdicio publicada el pasado 1 de enero por el diario económico londinense, Mellier aseguraba que los países occidentales deberían ponerse de acuerdo para cerrar sus mercados a la importación de trenes desde China por dos razones. Primero, por reciprocidad, puesto que según Alstom China ya ha comenzado a establecer barreras comerciales a los grandes fabricantes de material rodante, en beneficio de su propia industria.
"La reciprocidad se acabó"
Y segundo, porque la dictadura va a emplear en la fabricación de esos trenes la misma tecnología que recibió con la única condición de que no fuese usada para vender vehículos fuera de sus fronteras.
"Estamos empezando a ver cómo hay compañías chinas que se presentan a licitaciones (en países occidentales) para el suministro de locomotoras de mercancías, (y lo hacen) con modelos basados en tecnología transferida", señala Mellier, que recuerda que lo mismo está ocurriendo en concursos para redes metropolitanas.
Mientras tanto, recordaba Mellier, ocurre que "los concursos de suministro de trenes para la línea de alta velocidad Pekín-Shanghai especifican que deberán ser diseñados y construidos íntegramente en China". Y concluía: "si el mercado (chino) se está cerrando, no parece una buena idea que el resto de países abran sus mercados a esa tecnología, porque la reciprodidad se acabó".
Mientras tanto, recordaba Mellier, ocurre que "los concursos de suministro de trenes para la línea de alta velocidad Pekín-Shanghai especifican que deberán ser diseñados y construidos íntegramente en China". Y concluía: "si el mercado (chino) se está cerrando, no parece una buena idea que el resto de países abran sus mercados a esa tecnología, porque la reciprodidad se acabó".
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